San Luis Orione

SAN ORIONE Y LA CAMPANA chico“Apóstol de la caridad, padre de los pobres, bienhechor de la humanidad dolorida y desamparada” (Pio XII).

“Maravillosa expresión de la caridad cristiana” (Juan Pablo II).

Estos elogios y la autoridad de quienes los dijeron, ponen en evidencia la enorme estatura espiritual de nuestro Santo.

Nació el 23 de junio de 1872, en Pontecurone, pueblito al norte de Italia (diócesis de Tortona). Fue bautizado el día siguiente con los nombres de “Juan Luis”. Juan por el santo del día y Luis en memoria de un hermano suyo fallecido pequeño.
Sus padres fueron Victorio Orione y Carolina Feltri. El matrimonio fue bendecido el 11 de febrero de 1858, providencialmente el mismo día que en Lourdes, la Inmaculada Concepción se manifestó a Bernardita Soubirou, dando comienzo a una corriente de espiritualidad mariana, que no ha cesado hasta el día de hoy (las Grutas de Lourdes), devoción que Don Orione, se preocupó de favorecer al máximo.

 

Victorio era  empedrador de calles, trabajo rudo y mal remunerado. En algún verano durante las vacaciones, el joven Luis lo acompaño en la tarea encalleciendo sus manos. Carolina era una ferviente cristiana, ama de casa y madre de cuatro hijos todos varones. Juan Luis era el menor.

 

De su infancia vale la pena rescatar la siguiente anécdota, que será como una parábola de toda su vida. Resulta que un vecino rico con suficientes tierras, sembraba trigo y como era de buen corazón, después de su cosecha, permitía a los pobres del vecindario recoger las espigas que hubieran quedado perdidas. Entre la gente pobre estaba Carolina, que llevaba a su pequeño hijo para no dejarlo solo y que ayudara en la medida de lo posible. Años después, el mismo Don Orione comentando esta experiencia, decía lo siguiente, más o menos con estas palabras: Así como cuando era niño acompañaba a mi madre, que para hacer pan, recogía espigas de trigo que de otra manera se hubieran perdido, así Dios me puso en el mundo para recoger a tantos pequeños, pobres, abandonados, marginados y hacer con ellos buen pan, es decir: útiles para sí mismos, para la patria y para la iglesia.